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❒ Single
❒ Taken
✔ No bullshit.

Me sorprendió un día con un te quiero. Tuve un momento de vacilación, no me lo esperaba. Llevábamos poco tiempo juntos y soy de las que no dicen las cosas que no sienten. Le contesté: gracias. Lo sé, suena mal. Pero esperen, aún no me odien. Antes de juzgarme déjenme explicarles. Definitivamente un yo también estaba fuera de mis opciones. ¿Qué es un yo también? Un yo también es una respuesta automática. Es como un yo no fui al romperse algo cuando éramos pequeños. Un yo también no era suficiente para expresar lo que yo quería que él entendiera. Yo necesitaba decirle gracias, un gracias de verdad. Un gracias por despertarme cada día con unas intensas ganas de vivirlo. Un gracias por las sonrisas que me provoca cuando me mira de esa forma que no sabría describir. Debía responder un gracias por todas las mariposas que revoloteaban en mi estómago y las mejillas rojas cuando me decía cosas tan bonitas que me provocaba ocultar mi rostro. Un gracias por entenderme o, al menos, intentarlo (soy terriblemente complicada). Un gracias por los mensajes de buenas noches deseándome dulces sueños (que no sé si sepa que no son tan dulces cuando aparece él y los transforma en húmedos). Un gracias por los besos que derriten el hielo que me queda en el corazón. Un gracias por los regalos, por las caricias, por las canciones, por las bromas, por la confianza. Gracias por quererme, porque nunca nadie me ha hecho sentir tan querida. (Ahora que escribo esto siento que debería haber dicho perdón, porque creo que hasta salgo debiendo.) Así que sí, yo también, pero no, no me sirve, él sabe que lo quiero y cada vez lo quiero más. Principalmente, gracias.
Si me pongo a pensar en qué es lo que nunca me gustaría que dijeran de mí, sería: “Era una buena chica”. Es cierto que hay mil cosas peores que pueden decir sobre ti, pero todo lo puedo soportar. “Buena”, en mi opinión, es una palabra pasiva. Además, no es una virtud, es demasiado frecuente y simple. Es la no confrontación, el rasgo atribuido a todos aquellos de los que no se sabe qué más fue. Por ejemplo, ¿qué decimos de las personas que fallecen y no conocíamos más que de vista? «Era tan bueno». Igual se puede decir de alguien que fue un asesino o un ladrón, pero por compasión a su madre y familia se lo designamos.

Preferiría que se dijera de mí que enfrente los obstáculos de la mejor manera que me fue posible, que tuve fracasos en muchas cosas pero que al menos lo intenté, que fui valiente aunque me equivoqué, que estaba loca, que contara cosas graciosas que dije o hice, que recordaran un detalle que tuve con ellos. No me importaría que se dijera que fui mala, porque significa que también fui una incomprendida, que al menos llamé un poco la atención y significa que algo de lo que hice les quedó tan grabado que nunca me lo perdonaron.

No se trata nada más de dejar una huella, se trata sobre identidad. Quiero saber quién soy y si -eso que considero ser- es lo que proyecto a los demás. Así que si alguien me dice “buena” en mi funeral, por favor, díganle a ese desconocido que deje de tomarse el café y comerse las galletitas y vaya a darle condolencias -de mi parte- a su madre.
Anónimo said: ¿Cómo arreglas un corazón roto por ti?

denisesoyletras:

Reparar el corazón que tú lastimaste es trabajo de otro.

Un consejo: Si vas a romper un corazón, hazlo bien. Es decir, que le duela mucho, que valga la pena, que no le queden ganas. No lo vayas abriendo suavemente, poco a poco; por favor, desgárralo de una sola vez. No le des esperanzas, haz que crea que no le importas (aunque en el fondo lo aprecies); así, esa persona, sabrá que no hay nada más que hacer. Después aléjate, aunque te duela, aunque creas que quizás puedas dosificarle un poco de cariño medicinal. No, eso no ayuda, es como aferrarse a tu droga. Desintoxícalo de ti. Dale tiempo y espacio, mucho, todo el que necesite. Y llegará aquel que sí merece ese corazón. Y quizás entonces te des cuenta que te equivocaste o que seguramente le hiciste un bien salvándole de ti.